Nuevo: lo que se experimenta por primera vez. Generación: del latín generāre, “engendrar, dar vida”. Somos un medio que apunta a Cristo y a Su evangelio transformador.
Guiando a las personas al nuevo nacimiento y acompañándolas a una relación profunda con Cristo, para que vuelvan al diseño original y lo reflejen.
Anunciar el evangelio de Cristo, conducir al nuevo nacimiento y discipular para que cada persona viva una relación plena con el Señor y le glorifique.
En unidad con el cuerpo de Cristo y la sociedad, guiar al nuevo nacimiento, consolidar discípulos y administrar con fidelidad lo que Dios provee.
Se lee de abajo hacia arriba: la raíz es el fundamento en Cristo, el tronco son los ejes ministeriales, de ahí brota el fruto, y todo apunta al fin último: la gloria de Dios.
El propósito supremo hacia el que todo el ministerio crece y apunta.
Lo que esperamos ver cuando el evangelio obra: vidas y comunidades transformadas.
La estructura central por donde sube todo el trabajo del ministerio.
En Cristo hallamos perdón y redención; antes que colaboradores, somos conocidos de Dios.
“Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”
1 Corintios 3:11
La estructura con la que servimos día a día (organigrama del ministerio).
Una vida de constante oración que nos lleva a conocer y glorificar a Dios.
Aprender todo el consejo de Dios para aplicarlo y transmitirlo sin dilución.
Apartados por y para Dios, transformados a la imagen de Cristo.
Ir por todo el mundo y anunciar la Buena Noticia: la gran comisión.
Llevar a las personas a una relación verdadera, no religiosa, con el Señor.
Trabajar junto a la Iglesia, en unidad, sometimiento mutuo y humildad.
Servir con un corazón humilde, sin nada a cambio, como lo hizo Cristo.
Lo que nos hace diferentes no es la moral ni los títulos, sino haber pasado de muerte a vida.
El primer llamado es estar con Él: ser conocidos de Dios antes que colaboradores.
Una transformación interna, obra del Espíritu, que produce fruto visible.
Crecer en la gracia nos muestra nuestra condición y nos acerca más a Dios.
El amor ágape de Dios: sacrificial, que no busca lo suyo y se hace servidor.
Sufrir junto al que sufre y actuar para aliviarlo, como Cristo con nosotros.
Dios ama personas, no ministerios. No hacemos de las personas un proyecto.
Andar delante de Dios y ser íntegros, sin importar la tarea ni el título.
El que quiera ser grande, que sirva. Manifestamos el amor poniendo en obra los dones.
Honrar a todos, sin importar nacionalidad ni etnia, porque somos imagen de Dios.
“Yo soy la vid, ustedes las ramas; el que permanece en mí, y yo en él, lleva mucho fruto.”
Juan 15:5
Siendo Jesucristo Dios mismo, y la Biblia la Palabra de Dios revelada sin error, confesamos estas verdades que sostienen nuestra enseñanza y rumbo.
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